miércoles, 15 de mayo de 2013

Juevebes Godínez

Escribo desde la oficina -por qué no-. Sí, soy una orgullosa Godínez a la que el juevebes ha alcanzado entre cuatro paredes de una H. Redacción a eso de la 1:00 a.m., poco más, nunca menos. 
Allá afuera llueve, sería riquísimo poder pasear a esta hora por las céntricas calles de la ciudad, tomada de la mano de algún fulano -sólo por compañía- o sola, con un café en la mano o un chocolate caliente, de esos que sólo una crepería puede preparar. 
Allá afuera hace frío, sería un buen pretexto para conseguir un abrazo o colocarme un abrigo que está en el clóset desde diciembre. Sería un buen pretexto para traer botas, cenar tacos -al estilo callejero, mientras esté tiritando de frío-.
Acá adentro no es necesario usar suéter, la calefacción me tiene en estado de levedad, contemplando las páginas pasar por mis manos. 
Acá adentro estamos a punto de terminar la edición del día. Así que será mejor que continúe con mi labor. 



sábado, 11 de mayo de 2013

Mayo Veinte.Trece.

Es Mayo. Es 2013. Soy yo.
Retomo mis cuentas abandonadas. Un poco la vida misma. 
Ahora que me han dado ganas de escribir. Ahora que he descubierto que no era del todo mala.
Ahora que tengo qué contar. 
Este jueves he ido a ver, de nueva cuenta, a mi banda favorita en todo el mundo. Pau no podía fallarme. Me regaló -a mí y a todo el Metropolitan- una velada inolvidable. Sólo con un piano, un compañero, luces y su voz.
Para mí no hubo más que llorar desde las primeras palabras de la noche: "Deja que te hable de mis sueños...", ahí el sentimiento se apoderó de mí -bajo mi permiso- y las lágrimas brotaron de mis grandes ojos. 


Aún no se me quita la emoción. Es que sólo si han tenido la dicha de que algo signifique en sus vidas podrán entenderme. 

Mientras tanto intentaré dormir. Y pasar el resto de los insomnios escribiendo.