Escribo desde la oficina -por qué no-. Sí, soy una orgullosa Godínez a la que el juevebes ha alcanzado entre cuatro paredes de una H. Redacción a eso de la 1:00 a.m., poco más, nunca menos.
Allá afuera llueve, sería riquísimo poder pasear a esta hora por las céntricas calles de la ciudad, tomada de la mano de algún fulano -sólo por compañía- o sola, con un café en la mano o un chocolate caliente, de esos que sólo una crepería puede preparar.
Allá afuera hace frío, sería un buen pretexto para conseguir un abrazo o colocarme un abrigo que está en el clóset desde diciembre. Sería un buen pretexto para traer botas, cenar tacos -al estilo callejero, mientras esté tiritando de frío-.
Acá adentro no es necesario usar suéter, la calefacción me tiene en estado de levedad, contemplando las páginas pasar por mis manos.
Acá adentro estamos a punto de terminar la edición del día. Así que será mejor que continúe con mi labor.
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