lunes, 9 de mayo de 2011

Santiago...

El sábado por la tarde recibí inspiración y escribí algo que titulé El Tratado de Santiago. Se 'trata' (perdón por redundar) de una carta que escribo para mi hijo, ese que aún no ha llegado, ese que no está planeado con exactitud, ese que acaba de tomar fuerza como proyecto para unos años más.

Curiosamente me resistía a la idea de ser madre, siempre lo hice, hasta que apareció mi sobrino favorito, mejor dicho mi primo y mi cosmovisión cambió. Fue entonces que la inmensa felicidad de verlo crecer y las ganas de protegerlo me hicieron pensar que tal vez no deba negarme esa dicha.

¿Cómo, cuándo, dónde, con quién (o sin quién)?... ¡eso ya vendrá! lo importante es tenerlo en la mente y aprender de la vida, de lo bueno y lo malo, de todos los errores y aciertos, educarlo y prepararlo para que enfrente todo.

En el tratado le explico lo que quiero hacer para que aprenda las cosas; cosas básicas y elementales como descubrir el mundo, comer, viajar y conocer la muerte, la vida y el amor. Ese documento no pierde mis tintes de graciosa, como el extracto de la muerte que hizo reír mucho a mi mamá, la cual, al terminar de leerlo dijo "espero que se cumpla, así como lo quieres" y me abrazó como si le hubiera dado la mejor noticia de su vida. No puedo imaginar cuando sea real! en fin, así ha pasado mi vida por estos días.


Santiago, se llama en mi mente... y ha sido una de las mejores ideas de mi vida.

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